25.5.08

Mucho orgullo

Advertencia: esta es una entrada obsesivamente friki. Si el tema no te interesa, te invito a volver otro día. Y mientras tanto, que la fuerza te acompañe.

Hoy es el día, y lo conmemoramos. Pasen y vean.

¿De aquí viene lo de su graciosa majestad?





Si bebes, no conduzcas. Ni lejos ni cerca ni en ningún lao...





Un ratito de karaoke.





"- ¿Qué ocurre, general?"
"- La flota ha salido del hiperespacio y Comscan ha detectado un campo de energía…"
Mira tío, para traer esas noticias...





"- Déjame verte con mis propios ojos, al menos por una vez".
Y el resto…





"Todos los sospechosos son culpables y punto. De otra forma no serían sospechosos, ¿o no?"
Un clásico de los reality shows.





Si has llegado hasta aquí, te tragas lo que te echen, aunque no tenga nada que ver. Así que... ¡Bola extra!
"¡Tienes mi espada! ¡Y mi hacha!"

20.5.08

Física (y química)

Dice Pau que no sabe escribir comentarios, porque le salen enormes. Me pasa igual, y de hecho este post es un comentario a otro -que os aconsejo leer antes- de mi muy admirada Mercè Molist.

Durante años, de modo periódico, me maltrataba una enfermedad que nadie sabía de dónde venía, ni qué podía causar aquellos síntomas. Bromeando, decía a mi mujer que notaba que me iba a venir la regla, porque solía atacarme aproximadamente cada mes. Me hicieron decenas de pruebas que no arrojaban resultado alguno. Me sometí a tratamientos muy desagradables y tuve que soportar la elocuente mirada de algunos grandes especialistas, que por educación no se atrevían a llamarme lo que pensaban de mí. Pero los dolores eran físicos y reales, muy reales. Tanto, que una médico (que fue quien únicamente se acercó al problema) con la que hablaba en una ocasión me llegó a decir que le resultaba llamativo lo bien que conocía y describía mi dolor.

Hasta que fui descubriendo una cierta pauta entre lo que me pasaba en mi día a día, las crisis y su intensidad. No fue sencillo descubrirlo, porque los dolores no desaparecían cuando esas causas externas no existían. Y no es sencillo describirlo, pero determinadas situaciones, cuando se acumulaban, desembocaban en un achuchón mayor de lo normal. Y además, había determinadas maneras de enfocar según qué cosas que me hacían daño o me agotaban; pero en lugar de lidiar con ellas, las dejaba en segundo plano y las ignoraba. Cuando había acumulado suficiente de ello, mi cuerpo me lo decía, y de qué modo.

Años después, aún tengo alguna pequeña crisis, nada comparado con aquello. Habrá quien me lo discuta -y no se lo discutiré yo-, pero tengo claro que nuestro organismo se ve influido por nuestra mente de modos que a nuestros médicos se les escapan, y que somos bastante más cosas que células y fluídos. Y que es importante saber que los pensamientos se solidifican, pesan y se vuelven físicos, aunque los únicos que podamos notar ese peso y sus efectos seamos nosotros mismos.

12.5.08

Hello, President

No sé yo de dónde saca este hombre esa mala fama que tiene. Para empezar, se puso al teléfono inmediatamente. Como mi inglés no es muy bueno, a veces me costaba descifrar su acento tejano, pero la cosa fue más o menos como la describo:

Cómo no, lo primero que hice fue felicitarle por la boda de su hija, y preguntarle cómo había ido todo. Espectacular, me resumió. Seguimos hablando de pequeñas banalidades, intercambiando cortesías antes de entrar en el tema. Cuando le expuse el motivo de mi llamada, sentí que me dedicaba todo su interés.

¿Un qué? ¿Donde? ¿Cuántos muertos? Caramba, menos mal que como son todos iguales, no se notará mucho, je, je... Vale, vale, era sólo una broma, hombre... Por supuesto que estamos para ayudar donde haga falta... Sí, me dicen que ya hemos mandado algo para allá... Una dictadura, entiendo... ¿Veinte años, dices?... Pues sí que aguantan... Seguro que son comunistas o así... ¿Ah, que no?... ¿Ah, que ni fu ni fa? ¿Pero entonces son de los buenos o de los malos?... Sí, por supuesto que la democracia y la libertad y todo eso, claro... ¿INVADIRLES?... ¡OYE, QUÉ BUENA IDEA!... Sí, andamos un poco liados de momento, pero ya sabes que siempre estamos dispuestos a defender la causa de la libertad... Y seguro que son musulmanes y tienen terroristas y todo eso, ¿no?... Ah, budistas... No, no importa, no... ¿En Asia, dices que está? A ver, que apunto... Llegando a la India, un poco a la derecha, vale... Sí, la verdad es que nos coge un poco lejos, y al precio que está la gasolina... Sigue, sigue... Vale, y una cosita... Hmmm... Estooooo... Me preguntaba... Petróleo o asi, ¿tienen?... ¿Ah, que poco?... No, no, claro que no importa, claro... Vaya, pues no sé... La verdad es que... Bueno, pues ya veremos qué se puede hacer, sí... Me parece que me llaman por la otra línea... Me das un toque otro día, si eso...

Lo que os digo, un encanto. Aunque al final tuve la sensación así como de que ese interés lo había perdido de repente...

27.4.08

El regidor omnipresente

Esta tarde fui a un concierto. La primera parte era el Piccolo Mondo Antico de Nino Rota, con una pianista canadiense que me pareció estupenda. Con la orquesta a todo trapo, el piano seguía presente y brillando.

Hubo un momento en que hacía un solo virtuosista e impresionante, y al finalizar, cuando se adivinaba la reentrada de la orquesta, sentí un instante de pánico: creí que el público se iba a arrancar en aplausos, sin respetar la música ni el momento.

Desde luego, no fue así. Pero qué estragos, qué daño tan enorme ha hecho en mi alma Operación Triunfo.

16.4.08

El espejo

Hace unos meses entré en un grupo musical. No quiero dar nombres, ni hacerles una publicidad que no merecen. Al día siguiente, mientras nos preparábamos para una actuación, viví cómo su director expulsaba a uno de sus miembros -seguramente el más brillante- de un modo injusto y violento, sin derecho a réplica.

En este caso, el líder tomó una decisión errónea, azuzado por alguien cercano. Lo hizo en un lugar inapropiado, con palabras inadecuadas y ante personas que jamás debieron presenciar aquella escena. Horas más tarde, se disculpó ante el resto del grupo con lágrimas y buenas palabras. No ante la persona agraviada.

Para una semana después estaba pendiente una actuación que muchos de ellos consideraban la más importante de la vida del grupo: en la propia ciudad, en el acto festivo de más importancia del año, con televisión en directo y toda la parafernalia mediática local. En mi opinión, el momento ideal para hacer valer la idea de grupo, presionar y que se reparase la injusticia, o que se fuera todo al garete.

Desde luego, todo ocurrió como era previsible. Como en un guión ya sabido y sobado, de puro repetido.

En mi caso la cosa estaba clara, y no contaba: acababa de llegar, esa persona me había introducido, y además es mi profesora y amiga. De los demás, prácticamente todo el grupo tuvo llamadas o mensajes de apoyo para con la expulsada. Pero de todos ellos, únicamente tres personas se plantaron y la apoyaron. El resto se limitó a justificarse: "sólo soy un miembro, yo no decido", "es que si me voy ahora estoy puteando al resto", "vamos a pasar la actuación y luego aclararemos las cosas". Eran formas de soslayar la realidad: nadie está dispuesto a perder algo -dinero, viajes, aplausos, diversión- a cambio de una idea.

Aunque la idea sea la de amistad, honradez o decencia.

Era un grupo musical, pero podría haber sido cualquier otro: de amas de casa o de paracaidistas, la cosa siempre funciona igual.

Quede claro que no me arrepiento, esta vez igual que tantas otras. Generalizando, no creo que por las noches ellos -los infames, los traidores, los vendidos, los peseteros- duerman peor. Antes al contrario, seguro que duermen estupendamente, repachingados en el éxito y rodeados por la complacencia de quienes pertenecen a su estirpe, que inevitablemente es la ganadora.

En la infancia vamos juntando piezas, con las que durante la adolescencia nos construimos a nosotros mismos. Según parece, ese edificio interior no cambia una vez formado. Tal vez por eso ya no llevo la cuenta de las veces que en aras de alguna de esas tres palabras o de alguna más lejana he perdido dinero, oportunidades profesionales o reconocimiento. Creo que nunca he obtenido una compensación posterior, al menos en lo visible. Aunque si de lo visible hablamos, lo que sí tengo muchas veces es la sensación de que se me queda, cada vez, la misma cara de gilipollas.

2.4.08

Los acólitos

Yo también pasé por ello, por eso lo conozco de primera mano. No es fácil cambiar tu vida y tus costumbres en aras de algo tan complicado e ilusorio, y donde el final del camino puede ser el más absoluto de los fracasos. De hecho, las probabilidades siempre apuntan a que muchos fracasarán. A veces resulta sorprendente conocer a gente estupenda que no logró pasar, mientras que otros tan inútiles que rozan la perfección lo consiguen.

En nuestro caso, han sido dos años de trabajo. De darle vueltas al temario y a la cabeza.

Por mi parte, buscando siempre la cantidad adecuada de presión, de materia y de dificultad. No es fácil mantener el estímulo durante tanto tiempo, crear interés y evitar el aburrimiento. Por la suya, luchar cada uno con sus problemas: familia, trabajo, los propios miedos. Cada uno con sus puntos fuertes y débiles.

Hablo por mí, que no me jugaba más que mi tiempo y mi orgullo, y si acaso una hipotética -ni buena ni mala, porque aún no existe- reputación como preparador. Ha sido un tiempo muy duro, una experiencia tan agotadora que no tengo claro si sería capaz de repetirla.

Supongo que un profesor que se cuide será capaz de sustraerse a todo aquello que se salga de la materia que trata: explicar y hacerse comprender. El trabajo que cada alumno desarrolle, sus historias personales y sus problemas son únicamente suyos. Pero para mí eso es imposible. Durante este tiempo he acabado por meterme en el pellejo y en la vida de los cuatro que llegaron al final, y no hay cosa peor que empatizar: entiendes a los demás y sufres con ellos. Sus nervios, su cansancio y sus inseguridades acaban siendo tuyos.

Por eso precisamente entendí muy bien la felicidad de una de ellas al terminar los exámenes: con independencia del resultado, era el final de un duro y largo camino. Del cual lo mejor ha sido aquello que no se puede remunerar ni valorar de ningún modo: cuatro personas estupendas, a las que he enseñado algunas cosas, y de las que he aprendido mucho.

Gracias, majos. Hasta siempre.

18.2.08

Estimados bloggers:

Tengan ustedes piedad.

Estoy sin Internet en casa.

Hace más de un mes que los amables señores de Orange trabajan en mi incidencia.

Los señores de Telefónica, cuando se trata de una portabilidad, tardan al menos diez días -laborables- en suministrar el servicio.

Un vecino confiado compartió de modo inadvertido y generoso su wifi conmigo, pero supongo que de modo también inadvertido cambió algo de sitio y la cosa ya no funciona.

El compañero que normalmente se encarga de atender las oficinas periféricas estuvo enfermo, y estuve viajando en su lugar.

He estado en un curso en la Antigua Cisneriana Complutense. Aunque no se trataba de derecho canónico ni medicina, la materia era tan etérea que resultaba casi teológica.

Había pendientes exámenes, y sigue esperándome un curso de inglés que debo terminar antes de mayo.

Tengo obligaciones familiares consistentes en una esposa, tres niños, una anciana y un gato.

Procuro asistir a clases de música por las tardes.

La Baronesa necesita mi ayuda para un examen que se le acerca de mala manera.

Me pagan por trabajar, y hay usuarios que se empeñan en que lo haga, solicitando mi asistencia.

En este momento tengo doscientos noventa y cuatro de sus estimados post pendientes de leer.

Sé que de mi lectura no dependen sus familias, su trabajo, tal vez ni siquiera su ego.

No es que me quite el sueño. Pero me hace ser consciente de cuántas cosas interesantes les ocurren y se les ocurren.

El mundo sigue ahí, funcionando sin mí.

Por favor, ¿les importaría contenerse un poco?