Supongo que es debido a que mi espíritu regionalista o nacionalista se quedó en alguno de los múltiples traslados que sufrí de pequeño, pero no veo mayor problema en la importación de tradiciones de otros sitios. Tengo la sensación de que hay una moda anti en todo esto que no acabo de pillar. Al personal parece no gustarle Papá Noel ni Halloween ni esas cosas por el simple hecho de que vienen del Imperio. En cambio, no tiene mayor problema en tragar hamburguesas o pan de molde. O tortilla francesa o ensaladilla rusa, que para el caso es lo mismo, pero de antes de anteayer.
Declaración: Me encanta Halloween. Me parece estupendo ser capaz de reirse de los propios miedos, compartirlos y enseñar a los niños a que lo hagan. Bastantes yuyus sufrimos a determinadas edades -no digo cuales- como para que tengamos que sufrirlos en silencio, y sin pomada. Los niños temen a los monstruos y los mayores tememos a la parca, pero todos tenemos miedo.
Por eso, mis hijos hoy han ido a una fiesta de Halloween y una de sus pelis favoritas -sí, mea culpa- es Pesadilla antes de Navidad. Como casi todos nuestros niños, tienen a su disposición un surtido enorme de películas, que va aumentando cada vez más. Pero Pesadilla es un clásico en casa. Tim Burton debe de estar loco, y las obsesiones de su locura tiñen sus películas de un modo único.

Para quien no la haya visto, Pesadilla cuenta la historia Jack Skellington, un habitante de Halloweentown que un día se extravía y conoce la Ciudad de la Navidad. Maravillado con lo que allí ve, decide que el próximo diciembre será él, acompañado por sus colegas, quien celebre esa fiesta, pese a que no acaba de entender qué es lo que está viendo:
¿Qué es? ¿Qué es?
Hay algo que va mal
¿Qué es?
¿Quién canta sin parar?
¿Qué es?
Las calles están llenas de chavales
Todos ríen sin cesar, ¿es que estoy loco?
Debe ser felicidad
Pero claro, para alguien que toda su vida -o su muerte- se ha dedicado a asustar a los demás, lo del espíritu navideño no es algo sencillo de entender, y la buena voluntad no lo es todo; ni en esta vida ni en la otra. Y no cuento más.
Con independencia de la historia, la película está hecha sin ordenadores, con la vieja técnica del stop motion, con un preciosismo en el diseño de los personajes y de la ambientación que ya quisiéramos ver en muchas otras pelis. Es una joya en la que cada vez descubres nuevos detalles.
Además, la banda sonora de Danny Elfman -compañero inseparable de Burton- es una maravilla, y además es fácil de disfrutar por los niños porque en la versión española está totalmente traducida, e incluso publicada como disco. Más de uno se ha quedado sorprendido al montar con nosotros en el coche y oirnos cantar:
Esto es Halloween
Esto es Halloween
Gritos en la oscuridad...

Mientras tanto, os digo lo que dicen los mexicanos en estas fechas:
¡Buenas noches, calabaza!
P.S.: Por cierto, quede claro que no me gustan nada -pero nada, nada- las pelis de miedo. Pero esto es otra cosa.
P.S.: Por cierto, quede claro que no me gustan nada -pero nada, nada- las pelis de miedo. Pero esto es otra cosa.