22.11.06

Insensateces de Brooklyn

El título así traducido se carga la alegría y la magia del original. Brooklyn Follies es el último libro de Paul Auster, y además el último que he leído.


Cuando comencé a leer El libro de las ilusiones me encantó la fluidez de la escritura de Auster, la precisión en la palabra y el encanto de sus personajes. Para nada la frialdad de otros escritores norteamericanos: El guardián entre el centeno (ese icono de los yanquis, qué repelús), o La tormenta de hielo. Algún día contaré algo más sobre esa rigidez emocional que se les aprecia. Viva mi alma moruna y mi afición a los roces, las carantoñas y los besos.

Me pareció que aquel libro con sus historias llenas de rincones, con sus tramas embrolladísimas y sin embargo creíbles, al final perdía fuelle, como si el autor fuera incapaz de rematar la faena con la perfección que muestra durante doscientas páginas de un modo igual de estupendo.

Sin embargo, Brooklyn Follies se mantiene a un mismo nivel durante toda la narración, introduciendo personajes cercanos y giros de la historia tan extraños como los de cualquier vida (bueno, tal vez un poquito más, pero en eso consiste una buena novela). Auster trata a quienes crea con cariño y respeto, y pasa de puntilla por los rufianes tanto como disfruta a las buenas personas. He leído por ahí que es una especie de cuento de hadas. Pues sí, tal vez. Desde luego, es un libro que se lee con alegría y se termina con pena, lo cual siempre es un buen síntoma.

Si alguien no sabe qué regalar en esas fechas que se acercan, ahí tiene una idea.


Y a este tío que le den un premio, o algo. Yo qué se, aunque sea el Príncipe de Asturias.

20.11.06

Piano

Es la semana de Santa Cecilia, o así.

A las ocho y media, cuando salga de trabajar, concierto.

La sonatina nº 4 de Clementi, ayer a 136 la corchea. Qué sudores.



Cómo no, escucho ahora mismo a Keith Jarret: The Köln Concert.

Piano...

9.11.06

La pescadilla...

Una durísima apostilla de johnson sobre el post de Pobreza Cero me hace pararme de nuevo sobre el tema, yendo más allá del copiopego de las palabras que otros escriben. Os recomiendo leerla entera, aunque sólo sea por la cera que sus críticas dan a todo el mundo. Tal vez lo blogísticamente correcto sería responder en los comentarios, pero creo que la extensión de su texto, su sensatez y el trabajo que ha dedicado merecen ser primera página, aquí o en muchos otros sitios. Es decir: un post genera una apostilla que a su vez genera un post. La pescadilla que se muerde la cola.

Sería excesivo intentar responder a todo lo que johnson plantea, aunque algunas cosas sí que se me ocurren:
No se puede estar de acuerdo con perdonar la deuda externa, porque dicho así queda bonito, altruista y vacío. Esa deuda existe por haber comprado, pongamos por caso, coches para los tiranos de turno, o tractores, me da igual, y hay que pagarle a la Mercedes o la John Deere, p. ej., el caso es que al condonarla, no la paga ese pais o los gobernantes de ese pais o los granjeros que disfrutan los tractores.
Hombre, poder como poder, que se puede. No entiendo lo suficiente sobre estas cosas como para saber hasta qué punto nos la están colando, que seguro que por algún lado lo están haciendo. Porque yo sé -porque lo he visto- que es cosa común que las ayudas al desarrollo que se dan a países del tercer mundo lo son de un modo bastante peculiar. Por ejemplo, recuerdo una preciosa partida de coches y camiones de "ayuda" para Mozambique, donados por nuestro gobierno hace unos años, que yo estuve montando en parte. Preciosos, nuevecitos y perfectamente equipados, incluso con material antidisturbios. Claro, porque esos coches y camiones eran para la policía. Pero digo yo que ese dinero tal vez hubiera causado más beneficio si se hubiera empleado en uno o dos camiones para construir pozos, y en los cachivaches necesarios para montar veinte o treinta de ellos. Que no digo que la policía sea una cosa mala, no. Pero tal vez sea más importante beber cada día agua en buenas condiciones. Porque dicen unos señores que el año pasado no sé qué mogollón de gente se murió de una cosa tan tonta como la cagalera, porque se dedican a beber agua no potable (sarcasmo: hay que ser burro, con lo limpita que sale del grifo de mi casa). Y hablando de economía, parece que sería más barato solucionar ese problema que hacer frente a los gastos que supone no hacerlo. Y los países del tercer mundo gastan tantos recursos en atender sus catástrofes sanitarias que no pueden invertir en infraestructuras que las evitarían. Otra pescadilla.

Además, debemos tener en cuenta que una buena parte de la deuda se le debe al Fondo Monetario Internacional o al Banco Mundial, y que los señores de Mercedes o de John Deere hace tiempo que cobraron. Y que no es lo mismo que el gasto se haya realizado en coches de lujo o en tractores, no. O a mí no me lo parece. Y que en muchos casos lo que está sangrando a esos países no es la deuda en sí, sino los intereses de la misma, que es lo que se entretienen en pagar, los muy tontos, en vez de amortizar el capital pendiente.
Tampoco la paga mi país, ni los gobernantes de mi país, sino yo con mis impuestos y hasta el último y más paupérrimo de los trabajadores españoles con sus impuestos, incluso la viuda que percibe una pensión no contributiva, porque ha pagado el IVA de lo que compra para comer. El caso es que le pagaríamos a REPSOL, a la BMW, a la tomatera de Montijo, da igual, pero a estas hay que pagarles ¿por qué han de ser los ciudadanos españoles sin que nadie les pregunte y sin hacerlo voluntariamente?
Como siempre, todo es relativo. El más pobre de nuestros pobres está infinitamente más protegido que muchos de la clase media de muchos de esos países. Al menos tendrá acceso a comida, alojamiento y sanidad. Y si no accece a ellos tal vez sea por un problema de marginación (o automarginación), no de pobreza. Que por supuesto que es un problema que habría que solucionar, otro más.

Por otra parte, cuando me adhiero a una campaña como ésta, estoy diciendo muy claramente que sí estoy dispuesto a pagar, voluntariamente. Precisamente de eso se trata, de que mediante estas cosas seamos muchos los que digamos que sí, que nos dejamos, que estamos dispuestos a apretarnos un poco -porque realmente no es tanto el esfuerzo- el cinturón, para que otros también lo puedan hacer, cuando la barriga hipertrofiada por el hambre se les deshinche.

Como todo es relativo, admito que en muchas ocasiones he pensado que no llegaba a final de mes, pero desde luego no creo que las haya pasado nunca canutas. Ni yo, ni la mayoría de las personas de mi generación, de esta generación que como cosa imprescindible tiene la casa llena de pantallas de plasma y playstations y los bolsillos llenos de ipods y de dinero. Tengo claro que con lo que yo -clase media, niños, hipoteca- he gastado cualquiera de los últimos años en vacaciones podrían vivir varias familias todo el año en determinados sitios. El planteamiento no es "vamos a renunciar a todo lo que tenemos" para mejorar la situación del tercer mundo. Tal vez debería ser "¿a qué tengo que renunciar para hacerlo?". Estoy convencido de que no es tanto, y desde luego yo sí estoy dispuesto a hacerlo

Está claro que habría que controlar más de qué modo y a quién se le dan las ayudas, pero también a quién se le venden las armas, y a quién se presiona para que cambie el régimen político de su país. Está claro que los políticos son los reyes Midas de la mierda, y que todo lo que tocan acaba adquiriendo esa pátina marrón y maloliente. Pero eso no hace que se pueda meter en el mismo saco determinados gobernantes populistas -algunos de ellos despreciables o ridículos, otros no tanto- y a dictadores, sobre todo porque algunos de los primeros han sido elegidos mediante sistemas democráticos, más o menos justos o transparentes.

El post de johnson es tan agudo, tan largo y contiene tantas cosas que seguir probablemente daría materia para otro blog. El caso es que estoy de acuerdo con la existencia de muchos de los problemas que señala, aunque sólo puedo estar muy en desacuerdo con su enfoque, sobre todo porque me produciría una enorme amargura creer que no hay forma de solucionar esto, y que la única solución será hacer callo como defensa íntima ante el dolor de ver en las noticias las hambrunas, las epidemias y las guerras.

Siempre me he envidiado a aquellos capaces de adherirse a una confesión religiosa, de verdad. Quien cree lo que su libro sagrado o su profeta o su gurú le dicen y es capaz de creerlo a pie juntillas obtiene a cambio un tipo de felicidad de la que otros carecen. La felicidad de obtener respuestas sin gasto de cerebro, sin necesidad de preguntarse qué está bien y qué esta mal, qué cuadra con tu vida y qué no. Encontrar nítidamente definidos los límites del pecado y de la virtud acojona, pero es más fácil mirar una línea recta que una difuminada. O imaginarla.

Por eso no pertenezco a ningún partido político, a ninguna religión ni a ningún movimiento pro algo o contra algo. Todos aquellos que me proporcionan consignas que seguir, dogmas que aceptar o ideas que considerar intocables me producen repelús. Pero hay gente que tiene mis simpatías, cómo voy a negarlo. Greenpeace, Ayuda en Acción, Médicos del Mundo o Vicente Ferrer son gente, si no indiscutible, que al menos pone suficientes ganas, esfuerzo y trabajo como para merecer mi respeto y admiración.

Cuando veo una campaña como la de Pobreza Cero, no puedo menos que creer que es necesario difundirla y apoyarla. Aunque no esté de acuerdo con todo lo que postulan, o aunque no tenga claro si algunas de las cosas que dicen son auténticas burradas. Es como cuando doy mi voto a determinados políticos que sé que no van a obtener ni siquiera un escaño por mi provincia. Tal vez no sirva de nada, pero tal vez precisamente por eso. Si esos políticos a los que voto obtuvieran el gobierno probablemente esto sería un desastre mayor que el que ahora disfrutamos. Si determinadas campañas lograsen todos sus objetivos, vete a saber por dónde saldría la cosa. Imaginad que los compromisos de Kyoto se empezasen a cumplir mañana. Lo mismo nos tocaba a la mayoría apretarnos el cinturón más allá de lo que la muchos estaríamos dispuestos a aceptar, o lo mismo tendríamos que darle la razón a Lovelock (a quien admiro y respeto enormemente) y comenzar a sembrar plantas nucleares por todas partes. Porque lo del desarrollo sostenible es una gilipollez que casi nadie está dispuesto a comenzar por su casa. Digo yo, vamos.

Ya me gustaría a mí saber qué hacer con todas las cosas que plantea la campaña, o con las que plantea johnson (algunas son las mismas, otras en absoluto). Respeto sus posturas -y le considero mi amigo por el hecho de leerme y de darme caña- pero me niego a asumir lo que me parece desánimo o derrotismo por su parte. Hago lo que puedo, en la medida de mis posibilidades y de mi propio egoísmo y mi apego a la comodidad de esta vida neoburguesa que me he procurado. Lo que sí me parece evidente es que algo hay que hacer, y que cada uno debe hacerlo como mejor le parezca, con lo que esté a su alcance. Hay quien se va a Sierra Leona (olé sus cojones), y hay quien se hace socio de una ONG. Conozco gente que apadrina un niño del tercer mundo, y conozco gente que hace va un poco más allá y lo adopta, aunque después haya quien diga que lo hace por snobismo.

En esencia, mi gran problema es que sigo siendo un iluso. Soy bastante mayorcito como para saber que lo ideal es imposible, pero sigo teniendo la suficiente poca cabeza como para pensar que las utopías son tan irrealizables como deseables. Y que cuando en nuestra cabeza, en nuestras manifestaciones o en nuestras campañas ciudadanas pedimos algo utópico -pobreza cero, control de armas, abolición de la pena de muerte- debemos ser conscientes de que los de siempre -los gobernantes, los lobbys, los reaccionarios- ya se encargan de realizar su parte: hacer que la realidad se superponga a la utopía, impedir que las ideas se lleven por delante la realidad. Porque si no, todo seguirá como hasta ahora, y será la realidad la que se lleve por delante las ideas, y no habrá nada que pueda cambiar el mundo. Otra pescadilla.

8.11.06

Pobreza cero

Hay cosas que contar, pero poco tiempo.

Para algunas cosas sí hay que sacarlo. Mi razón me dice que no vale de nada, pero no por ello mi corazón deja de desear que tenga algún efecto. Tomo ejemplo de Rythmduel, y ahí va:


En el año 2000 los Gobiernos y Estados firmaron la Declaración del Milenio de Naciones Unidas, y se comprometieron con el cumplimiento de los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio, como un primer paso para erradicar el hambre y la pobreza.

PERO AÚN NO SE HA AVANZADO:

- 50 millones de infectados con el HIV y la gran mayoría sin ningún tratamiento ni atención.
- 800 millones de personas no tienen acceso a la comida suficiente para alimentarse.
- 1100 millones de personas sobreviven con menos de 1 dólar diario.
- 1200 millones de personas no tienen acceso al agua potable.
- 10 millones de niños y niñas mueren antes de cumplir los cinco años por causas evitables.
- el 70% de las personas pobres del Planeta son mujeres.
- el 10% de la población mundial disfruta del 70% de las riquezas del Planeta.
- el 75% de las personas pobres son campesinos y campesinas.

SUMANDO NUESTRAS VOCES MANIFESTAMOS:

QUE la persistencia de la pobreza y la desigualdad en el mundo de hoy no se puede justificar. Pese a los esfuerzos realizados durante décadas, la brecha entre ricos y pobres sigue aumentando. Hoy, más de 3.000 millones de personas carecen de una vida digna a causa de la pobreza. Hambre, SIDA, analfabetismo, discriminación de mujeres y niñas, depredación de la naturaleza, desigual acceso a la tecnología, desplazamientos masivos a causa de los conflictos, migraciones provocadas por la falta de equidad en la distribución de la riqueza a nivel internacional... Son las diferentes caras de un mismo problema: la situación de injusticia que sufre la mayor parte de la población mundial.

QUE el desarrollo sostenible en el planeta está seriamente amenazado porque una quinta parte de la población mundial consume irresponsablemente, con la consecuente sobreexplotación de los recursos naturales.

QUE las razones de la desigualdad y la pobreza se encuentran en la forma en que los seres humanos organizamos nuestra actividad política y económica. El comercio internacional y la especulación financiera que privilegia las economías más poderosas, una deuda externa asfixiante e injusta para muchos países empobrecidos, así como un sistema de ayuda internacional escaso y descoordinado hacen que la situación actual sea insostenible.

QUE para lograr la eficacia de las políticas de Desarrollo Internacional, el Desarrollo Humano Sostenible y Bienes Públicos Globales es imprescindible avanzar en la consecución de una gobernanza global democrática y participativa.

QUE el crecimiento económico espectacular generado en los últimos años no ha contribuido a garantizar los derechos humanos ni a mejorar las condiciones de vida en todas las regiones del mundo, ni para todas las personas sea cual sea su condición, género, raza o cultura. Más bien al contrario, ha aumentado la desigualdad y la injusticia hasta cotas escandalosas. El camino de la paz pasa por luchar contra la pobreza y la falta de equidad.

QUE luchar contra la pobreza, en sus distintas dimensiones, significa actuar contra la exclusión de las personas, a favor de las garantías de sus derechos económicos, sociales y culturales que se traducen en protección, trabajo digno, renta, salud y educación, poder, voz, medios de vida, en condiciones de igualdad. Es un compromiso irrenunciable e impostergable: toda la sociedad en su conjunto es responsable de su consecución.

POR TODO ELLO se hacen eco del compromiso adquirido por los Gobiernos y Estados firmantes de la Declaración del Milenio de Naciones Unidas en el año 2000, respecto al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como un primer paso, para erradicar el hambre y la pobreza.

SOLICITAMOS:

- MÁS AYUDA oficial al desarrollo, priorizando a los sectores sociales básicos, hasta alcanzar el compromiso del 0,7%.

- MEJOR AYUDA, desligada de intereses comerciales, orientada a los países más pobres y coherente con los Objetivos del Milenio.

- MÁS COHERENCIA en las diferentes políticas de nuestros gobiernos para que todas ellas contribuyana la erradicación de la pobreza.

- CANCELAR LA DEUDA IMPAGABLE: los países ricos, el Banco Mundial y el FMI deben cancelar el 100% de la deuda de los países más pobres.

- DEUDA POR DESARROLLO: invertir los recursos liberados por la cancelación de la deuda de los países empobrecidos para alcanzar los Objetivos del Milenio.

- CAMBIAR LAS NORMAS DEL COMERCIO internacional que privilegian a los países ricos y a sus negocios e impiden a los gobiernos de los países empobrecidos decidir cómo luchar contra la pobreza y proteger el medio ambiente.

- ELIMINAR LAS SUBVENCIONES que permiten exportar los productos de los países ricos por debajo del precio de coste de producción, dañando el sustento de las comunidades rurales en los países empobrecidos.

- PROTEGER LOS SERVICIOS PÚBLICOS de liberalizaciones y privatizaciones con el fin de asegurar los derechos a la alimentación, y de acceso al agua potable y a medicamentos esenciales.

- FAVORECER EL ACCESO A LA TECNOLOGÍA por parte de los países menos desarrollados, de acuerdo a sus necesidades, para que puedan disfrutar de sus beneficios.

Colabora, en la medida de tus posibilidades, con esta campaña.

31.10.06

En ocasiones veo muertos...

Supongo que es debido a que mi espíritu regionalista o nacionalista se quedó en alguno de los múltiples traslados que sufrí de pequeño, pero no veo mayor problema en la importación de tradiciones de otros sitios. Tengo la sensación de que hay una moda anti en todo esto que no acabo de pillar. Al personal parece no gustarle Papá Noel ni Halloween ni esas cosas por el simple hecho de que vienen del Imperio. En cambio, no tiene mayor problema en tragar hamburguesas o pan de molde. O tortilla francesa o ensaladilla rusa, que para el caso es lo mismo, pero de antes de anteayer.

Declaración: Me encanta Halloween. Me parece estupendo ser capaz de reirse de los propios miedos, compartirlos y enseñar a los niños a que lo hagan. Bastantes yuyus sufrimos a determinadas edades -no digo cuales- como para que tengamos que sufrirlos en silencio, y sin pomada. Los niños temen a los monstruos y los mayores tememos a la parca, pero todos tenemos miedo.

Por eso, mis hijos hoy han ido a una fiesta de Halloween y una de sus pelis favoritas -sí, mea culpa- es Pesadilla antes de Navidad. Como casi todos nuestros niños, tienen a su disposición un surtido enorme de películas, que va aumentando cada vez más. Pero Pesadilla es un clásico en casa. Tim Burton debe de estar loco, y las obsesiones de su locura tiñen sus películas de un modo único.

Para quien no la haya visto, Pesadilla cuenta la historia Jack Skellington, un habitante de Halloweentown que un día se extravía y conoce la Ciudad de la Navidad. Maravillado con lo que allí ve, decide que el próximo diciembre será él, acompañado por sus colegas, quien celebre esa fiesta, pese a que no acaba de entender qué es lo que está viendo:


¿Qué es? ¿Qué es?
Hay algo que va mal
¿Qué es?
¿Quién canta sin parar?
¿Qué es?
Las calles están llenas de chavales
Todos ríen sin cesar, ¿es que estoy loco?
Debe ser felicidad


Pero claro, para alguien que toda su vida -o su muerte- se ha dedicado a asustar a los demás, lo del espíritu navideño no es algo sencillo de entender, y la buena voluntad no lo es todo; ni en esta vida ni en la otra. Y no cuento más.

Con independencia de la historia, la película está hecha sin ordenadores, con la vieja técnica del stop motion, con un preciosismo en el diseño de los personajes y de la ambientación que ya quisiéramos ver en muchas otras pelis. Es una joya en la que cada vez descubres nuevos detalles.

Además, la banda sonora de Danny Elfman -compañero inseparable de Burton- es una maravilla, y además es fácil de disfrutar por los niños porque en la versión española está totalmente traducida, e incluso publicada como disco. Más de uno se ha quedado sorprendido al montar con nosotros en el coche y oirnos cantar:

Esto es Halloween
Esto es Halloween
Gritos en la oscuridad...

Halloween me parece una fiesta para reirse del miedo, una celebración de lo grotesco y de lo deforme, de lo absurdo que crea nuestra imaginación y de lo amplio que es ese universo imaginado y temido. No sé si tendrá alguna relación con sus vecinos del sur, con el Día de Muertos mexicano, que es más o menos lo que tenemos aquí, pero vestido de colorines. Me parecen entrañables esas calaveras y esqueletos risueños y bailones, hechos con ese punto naïf y cachondo que rinde culto a los muertos desde la alegría de estar vivo. Ójala supiéramos disfrutar de la vida sin ocultarnos la realidad -última- de la muerte. Ójala honrásemos a nuestros muertos celebrando lo bueno de su vida y de nuestra vida con ellos. Lo que les aprendimos y lo que les enseñamos, que finalmente es lo que queda. Sin entrar en mayores trascendencias ni en averiguaciones posteriores, que eso ya dará algún día para otro post.

Mientras tanto, os digo lo que dicen los mexicanos en estas fechas:

¡Buenas noches, calabaza!



P.S.: Por cierto, quede claro que no me gustan nada -pero nada, nada- las pelis de miedo. Pero esto es otra cosa.

9.10.06

Papeles y rincones

De qué modo nos miramos, de qué extraña forma desconocemos nuestros rincones.

En demasiadas ocasiones asignamos a los demás características que no se corresponden con lo que son en realidad. Eso lo aprendemos cuando nos van decepcionando, en la mayoría de las ocasiones porque no se avienen a encajar en el molde que les habíamos asignado, porque las personas están más llenas de matices de lo que nuestro afán simplificador querría. Salen por la tangente, y hacen lo que no esperábamos de ellas, y no hacen lo que sí esperábamos. Y nos duele como una afrenta, cuando los ofendidos deberían ser ellos, porque a saber cuántos años llevamos ignorando su persona para ver sólo la figura en la que la hacemos encajar.

Aún peor es cuando uno debe enfrentarse con la autodecepción. Cuando uno, que tantas capas creía haber apartado para mirar más y más adentro, se encuentra con una parte de uno mismo que le sorpende desagradablemente, sobre todo porque en un momento dado se adueña de la propia vida y le da un vuelco. Y uno se queda sorprendido, mirándose a sí mismo sin reconocerse. Y recogiendo los cascotes, piensa en qué rincón tenía todo eso escondido. Porque no es que no lo hubiera encontrado; es que no era consciente de la posibilidad de su existencia. De qué se habrá alimentado ese Mr. Hyde salvaje y orgulloso. Ójala supiera qué es lo que uno no debe tomar en ningún caso para que esa transformación no vuelva a suceder. Dónde está el antídoto para la autosuficiencia, la arrogancia, la ira que un día aparecen sin venir a cuento y que arrasan todo lo que hay a su alrededor, sin pararse a ver la belleza o la pureza de lo que destruyen.

Y como irónico remate, constatar que para otros eres justamente tú un modelo de determinadas cosas, como la estabilidad o la sensatez. Que eres tú precisamente el que ha sido colocado en el molde por alguien querido y respetado. Y no sabes si todo esto no es más que una broma absurda, el guión de una peli alocadamente retorcida.

6.10.06

88 vs 10

Y tras un corto interludio veraniego con un solo para cello, vuelve el curso:



¡ Sin problemas !