Si en alguna ocasión me he sentido ligeramente culpable por hacerlo (aquello de la torre de marfil y demás), estos días he ido acumulando motivos para añorar esas temporadas de sordera con relación a todo lo que se sitúe a más de quince metros de mi ombligo. Y hoy he terminado ahíto de tragar basura, de unos y de otros.

No voy a concretar más ni a poner enlaces que les apunten ni a afirmar mis opiniones sobre argumentos del tipo la mía es más grande o y tú más y tus amigos también. No merecen ser citados ni apuntados. En lugar de un link, hoy les dedico a todos ellos el más grande de los desprecios.
Que les den.