Ayer, en casa de la madre de la Baronesa, pusieron un altarcito. En una mesilla de noche, una velita rodeada por fotografías de los que ya se convierten en polvo o ceniza. Las fotos rebasaban ya los bordes de la mesilla, amenazando caerse. Cuando se lo comenté de modo jocoso a mi suegra, me dijo "pues a ver cuándo me voy yo también para allá, porque para estar aquí así de jodida..."
Cumplimos años o los gastamos, y una de las consecuencias directas es que cada vez conocemos más gente en el otro barrio, y de modo inevitable nos queda menos gente querida de este lado.
¿Entonces, para qué malgastar el tiempo con tristezas sobre los que se fueron? Prefiero recordar los buenos momentos con ellos, y agradecerlos. Me cierro a la tristeza de la ausencia. Miro a mi alrededor y veo a quien tengo cerca, disfruto de su presencia, la agradezco también.
Carpe diem.
1 comentarios:
Carpe diem, NeoGurb. Yo suelo decir que lo que haya que hacer, mejor hacerlo en vida. Luego, después de muerto, ¡vaya usted a saber!
A mí ya no me queda nadie aquí. No es cuestión de edad, aunque, sí, influye.
Besotes.
Cal.
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